En Sevilla, febrero no es un mes de invierno común; es el prólogo olfativo de la Semana Santa. Antes de que el azahar inunde los barrios, la ciudad experimenta una metamorfosis sensorial única. Es ese paréntesis mágico donde el sol de la tarde en la Plaza del Triunfo ya brilla de otra forma y el aire se vuelve denso, místico y familiar. Es el mes en el que Sevilla empieza a oler a lo que más quiere: incienso y cofradías.
Pero este no es un aroma cualquiera. El olor a incienso en Sevilla llega cargado de anécdotas, ritos y esa "guasa" tan nuestra que rodea a todo lo que ocurre en las vísperas de la primavera.
El incienso: El GPS emocional de la ciudad
Para el sevillano, el incienso es una unidad de medida del tiempo. Si caminas por la calle Córdoba y te asalta una ráfaga de incienso "Tres Reyes", sabes que en la Iglesia del Salvador están de cultos. Si el aroma es más seco y resinoso, quizás estés cerca de San Lorenzo.

La anécdota del "incendio" imaginario
Es un clásico de cada febrero. Un turista, maleta en mano, camina por la zona de la Alfalfa. De repente, una densa nube blanca sale por la puerta de una pequeña tienda de artículos religiosos o de un bar con solera como El Rinconcillo. El visitante se asusta, busca con la mirada el camión de bomberos, pero lo que encuentra es a un grupo de locales en la barra, con su cerveza en mano, respirando hondo y sentenciando: "¡Qué bien huele hoy, parece que ya es Domingo de Ramos!". Para el forastero es humo; para el sevillano es puro oxígeno.
La guerra de las mezclas: Canela, clavo y secretos de hermandad
Si algo define al incienso artesano en Sevilla es la competitividad por ver quién tiene la mejor fórmula. Aquí el incienso se "cata" con la misma pasión que un vino de Jerez.
Existen tiendas icónicas donde las colas en febrero son casi tan largas como las de los besamanos. Allí, el dependiente guarda con celo la proporción exacta de estoraque, mirra, incienso natural y aceites esenciales. Se cuentan historias de priostes que envían a "espías" a otras iglesias para intentar adivinar qué ingrediente secreto han añadido al carbón. "Lleva un toque de sándalo, te lo digo yo", se escucha en las tertulias. Otros aseguran que el secreto está en la cáscara de limón seca o en granos de vainilla de Madagascar.
Los ensayos de costaleros: El incienso a pie de calle
Febrero es también el mes de los ensayos de costaleros. Por las noches, cuando el tráfico amaina, surge un sonido rítmico: el rachear de las zapatillas sobre el pavimento. Son las cuadrillas preparando la carga bajo las trabajaderas.
Aquí ocurre un fenómeno curioso: el incienso se mezcla con el asfalto. Muchos equipos de capataces llevan pequeños incensarios delante de los "pasos de ensayo". Ver una mole de hierro y madera avanzar por una calle estrecha de la Judería, rodeada de una nube de incienso bajo la luz de las farolas, es una de las estampas más auténticas de la Cuaresma en Sevilla. Es el entrenamiento del cuerpo, pero sobre todo del espíritu.
¿Dónde comprar el mejor incienso en Sevilla?
Si buscas llevarte un trozo de esta atmósfera a casa, estas son las paradas obligatorias para comprar incienso de calidad:
- Antigua Cerería del Salvador (Plaza del Salvador): Un viaje en el tiempo. Sus mezclas propias son leyenda entre las hermandades más señeras. Si buscas el olor clásico del centro, pide el incienso "Catedral".
- Inciensos de Sevilla (Calle de la Alfalfa): El paraíso para los paladares olfativos modernos. Tienen botes de cristal con nombres que evocan momentos exactos de la Semana Mayor. Su incienso de "Azahar" o el de "Canela y Clavo" son famosos por su intensidad.
- Tienda del Postigo (Arco del Postigo): Ubicada en un lugar cinematográfico. Es el sitio ideal para comprar pequeños incensarios de barro artesanales y mezclas equilibradas que no saturan el ambiente doméstico.
- Los Puestos de la Plaza de la Alfalfa: Es el punto neurálgico. En esta plaza y en las calles que desembocan en ella (como la calle Alcaicería), se instalan mostradores que dan directamente a la vía pública.Aquí verás los quemadores de cerámica de barro cocido (los más tradicionales y económicos) y una variedad inmensa de bolsas de incienso a granel.
El ritual doméstico: Cómo quemar incienso en casa
Otra estampa típica de febrero es el sevillano "sahumando" su propia casa. Esto genera situaciones divertidas con los vecinos: "¿Qué estás quemando, que me ha saltado la alarma?", pregunta el del cuarto. "Nada, probando la mezcla que han traído a la calle Chicarreros", responde el del tercero con una sonrisa.
Consejo experto: El secreto está en el carbón litúrgico. Asegúrate de que sea de encendido rápido y espera a que esté completamente incandescente (grisáceo) antes de poner el incienso. Si lo echas antes, solo olerá a humo quemado, no a gloria bendita.
Conclusión: Un aroma que es pura esperanza
Que Sevilla huela a incienso en febrero es la señal de que la luz le está ganando la batalla a la sombra. Es el recordatorio de que la primavera no es una estación, sino un estado mental que en esta ciudad comienza mucho antes que en el resto del mundo.
Febrero es el mes del "ya mismo". Si te detienes en una esquina y cierras los ojos, el olor a incienso te contará todo lo que está por venir. Porque en Sevilla, la felicidad siempre entra primero por la nariz.