El Solomillo al Whisky: El secreto mejor guardado (y más buscado) de Sevilla

Se dice que para gustos, los colores, pero en Sevilla, cuando hablamos de Solomillo al Whisky, hay cosas que no se negocian. Si vienes de fuera, quizás te sorprenda encontrar este plato en casi cada pizarra del centro, pero hay un detalle que debes saber: esta joya gastronómica es exclusiva de nuestra ciudad. Fuera de aquí, es casi un mito; dentro, es un ritual.

La receta auténtica: El secreto está en el ajo entero

Muchos intentan replicarlo, pero la receta tradicional tiene sus leyes. Aunque cada cocina le da su "toque", la autenticidad se reconoce por un detalle fundamental: el ajo debe ir entero.

El ajo, frito en su punto justo, aporta esa untuosidad y aroma que, al ligar con el whisky y el limón, crea una salsa en la que el pan (siempre de calidad) es obligatorio. Si el ajo no está ahí, presente y entero, le falta el alma.

Donde probar el solomillo al whisky

En Sevilla no hay bar auténtico que se precie que no ofrezca este plato. Un clásico que no puedes dejar de probar es el solomillo de la cafetería Rioja, donde se sospecha que nació el “Mantecao”, que más adelante explicaremos.

Si buscas un bar con terraza, con más opciones en la carta y que tenga el punto perfecto de este plato, tienes que visitar Pepe Hillo. Presumen de tener uno de los mejores solomillos al whisky de toda Sevilla. La clave no es solo la salsa, sino la calidad de la carne y ese punto de cocción que lo mantiene tierno, bañado en una salsa equilibrada que invita a mojar hasta que el plato brille.


El famoso "Mantecaito": El primo hermano

No podemos hablar de solomillo al whisky sin rendir pleitesía al Mantecaito. Para los que prefieren el formato bocadillo, este montadito es religión. Solomillo, su salsa al whisky y una patatas fritas dentro del mismo bocadillo. Es el bocado rápido, caliente y perfecto para seguir recorriendo las calles del centro con energía

¿Te atreves?

Os dejamos la receta del solomillo al whisky para quien se atreva a hacerlo. Pero recordad: nunca sabrá igual que un solomillo en la barra de un bar sevillano, junto a una Cruzcampo bien fría.